El umbral de todas las formas
Pequeño reservorio de libros de artista
Detalle
27 de Jun, 2026 – 01 de Ago, 2026
Museo Nacional de Artes Visuales
Castillo del Parque Rodó
Inaugura a las 11:00 horas
Lunes a sábados de 10:00 a 15:45 horas.
Hay objetos que piden otra velocidad. Que exigen detenerse y mirar de cerca. El libro es uno de ellos; quizás el más cercano a nuestra vida: lo conocemos desde antes de saber leer, lo hemos subrayado, regalado, guardado.
Los libros de artista parten de esa familiaridad y la llevan a otro lugar: son el espacio donde la mirada del artista combina imagen, materia y palabra en algo singular. No es pintura, no es forma tridimensional, no es grabado; aunque puede contener todo eso. Es un formato que rara vez habita los museos, y que sin embargo guarda una potencia propia: la de un objeto que se recorre, se despliega, se descubre en la pausa.
Esta selección reúne obras de artistas uruguayos que habitaron el libro de maneras radicalmente distintas. Claudia Anselmi ofrece una obra hecha para esta ocasión: dibujos y grabados descartados —deshechos gráficos— vuelven al libro como segunda oportunidad para aquello que no fue. Carolina Berta propone un formato textil mediado por antiguos mapamundis y patronajes victorianos, donde la organza revela la posibilidad de ver entre capas. Lucía Drapper vacía en bronce un libro atravesado por espinas de cruz, volviendo permanente lo que era frágil. Carmen Imbach Rigos borda el juego de la bolita desde una labor históricamente femenina, llevando al hilo y la trama un territorio que no le fue dado. Felipe Maqueira trabaja desde lo sutil y lo pequeño: una caja-libro de dibujo y collage sobre papel textil en una escala mínima de atención sostenida. Cecilia Mattos abre una enciclopedia para alojar un altorrelieve pintado al óleo que añade otros espesores al saber impreso. Verónica Panella interviene con collage el álbum familiar, transgrediendo los recuerdos consagrados para activar las capas de mandatos y silencios que los habitan. Lala Severi gesta su libro a mano: papeles artesanales pegados uno a uno y palabras a lápiz que sostienen una voz íntima. Elián Stolarsky cose un libro de tela donde los vacíos y los recortes son huellas: aquello que persiste cuando la imagen se pierde. Gustavo Tabares interviene las páginas de un atlas desde un lenguaje pictórico; en algunas, el gesto deja entrever imágenes que no pertenecen al original, como si otro mundo asomara entre las coordenadas. Nacha Valenti borda una bitácora de un año sobre papel reciclado: la aguja construye un tiempo propio, y el reverso de la trama —nudos y hilos sueltos— permanece visible, revelando otro mapa posible. Martín Verges nos invita a co-construir una reflexión sobre la historia colectiva: la línea y el dibujo se ofrecen para ser intervenidos, reinterpretados en una obra que se transforma en el proceso. Del acervo del Museo llegan Carlos Capelán, con un libro desplegable —una especie de cartografía donde dibujo, palabra e imagen abren posibles recorridos—, y Antonio Frasconi, con una obra de técnica mixta y acento gráfico, una superposición rica en variantes que se ofrece al recorrido.
Cada uno es una pregunta diferente sobre lo que una forma puede decir. Algunas obras invitan al tacto; otras, más frágiles, piden solo la cercanía de la mirada.
El Museo sale de sus salas y llega hasta acá, al Castillo del Parque Rodó, con algo íntimo y plural a la vez. Una invitación a transitar despacio, a dejarse interrogar por un reservorio que no termina de fijarse en una sola forma.
Curaduría: Alejandra González Soca
Asistencia curatorial: Fabricio Guaragna