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PEDRO Y PABLO VIDRIO DE ORO CON LAS IMÁGENES DE PEDRO Y PABLO - Vidrio y hoja de oro, diám. 9 cm - fines del siglo IV - Catálogo de la muestra 'La fe y el arte' - Tercera sección
PEDRO Y PABLO VIDRIO DE ORO CON LAS IMÁGENES DE PEDRO Y PABLO
Vidrio y hoja de oro, diám. 9 cm
fines del siglo IV

Catálogo de la muestra 'La fe y el arte'
Tercera sección

"El Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y les recordará todo lo que Yo os he dicho..." (Jn.14, 26)


El "pasaje" de Cristo por el mundo muy relevante desde el punto de vista histórico, tiene sin embargo un fin esencialmente espiritual, que Jesús mismo sintetiza en una expresión simbólica: "He venido a arrojar fuego sobre la tierra" (Ev.Sn:Lc. 12,49). El "fuego " que Cristo ha donado a la Humanidad es el Espíritu Santo, esto es Dios mismo en cuanto Persona -Amor, Persona -Don.

El Espíritu consustancialmente con el Padre y el Hijo obra con ellos desde siempre y para siempre en el universo y el la historia. Pero el momento en el cual se vuelve disponible para cada hombre es aquel en el cual Jesús "dona su vida" y regresa "glorificado": su Pascua de muerte y resurrección es un bautismo de regeneración el el Espíritu Santo para toda la humanidad.

En Pentecostés, el fuego del Espíritu, anima a la Iglesia y a su misión universal, prolongamiento de aquella de Cristo. Pedro y Pablo y los otros apóstoles son hombres llenos del Espíritu Santo, por él consagrados al servicio del Evangelio.

La presencia de la tercera persona de la santísima Trinidad está ejemplificada en esta sección por tres imágenes de Pentecostés: una miniatura del gótico tardío de Lorenzo Mónaco en la cual se puede evocar visiblemente el texto de un responsorio para la fiesta de Pentecostés, un exquisito bordado renacentista, quizás copiado de un fragmento litúrgico, que nos presenta una versión de delicada esencialidad, y una pintura del settecento, de Corrado Giaquinto, en la cual es fuego del Espíritu Santo ha asumido un elemento escenográfico según el gusto de la pintura barroca.

Los Apóstoles, en los cuales se reflejó inicialmente el Espíritu están aquí resumidos en las figuras de Pedro y Pablo, máximos testimonios y trabajadores de la fe cristiana y por lo tanto denominados Príncipes de los Apóstoles. Están representados juntos, para indicarnos la complementariedad del pensamiento y de la acción, en un vidrio de oro paleocristiano, en una losa de mármol de cementerio y en un relicario plateado de elaboración constantinopolitana, custodiado en el Sancta Sanctorum (Nº62) en el cual los dos apóstoles están insertos en una compleja teofanía de la Trinidad.

Finalmente una cabeza en mosaico de San Pablo, del S.VIII, que trata del Triclinio Lateranense es casi el único testimonio que permanece de la gran decoración que cubría el abside de esta sala del Patriarchio al Laterano, abside cuyos mosaicos fueron hechos nuevamente ex-novo en el S. XVIII por el pintor Pier Leone Ghezzi.

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