Museo Nacional de Artes Visuales
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2020





Uno de los tres chiripás (c.1881) - Juan Manuel Blanes (1830-1901) - Óleo sobre tela - 51 x 41 cm - Nº de Inventario: 1145 - Colección MNAV: arte en el Uruguay 1865-1950
Uno de los tres chiripás (c.1881)
Juan Manuel Blanes (1830-1901)
Óleo sobre tela
51 x 41 cm
Nº de Inventario: 1145

Colección MNAV: arte en el Uruguay 1865-1950

Desde el viernes 4 de octubre de 2019 al domingo 29 de marzo de 2020
Sala 2

El Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV), fue creado por la Ley 3.932 del 10 de diciembre de 1911, con el nombre de Museo de Bellas Artes, y abrió sus puertas al público en 1914.

En sus casi 108 años de vida, el actual MNAV ha constituido un acervo de más de 6.700 obras que lo convierten en el más importante museo de arte del país.

Tal como se explicita en su razón de ser, la misión del Museo Nacional de Artes Visuales es contribuir al desarrollo cultural del país, difundiendo la cultura plástica y visual, de documentar la evolución del arte nacional y de acrecentar la colección de artes plásticas y visuales del país, optimizando las condiciones para su adecuada preservación, y de investigar y promover la investigación en áreas del arte y su historia.

En esta oportunidad, la exposición Colección MNAV: arte en el Uruguay 1865-1950 abarca el período fundacional del arte nacional a partir de la figura central de Juan Manuel Blanes, y sigue un desarrollo cronológico hasta Joaquín Torres García y su Escuela del Sur.

Ver las obras expuestas en Sala 2




Julio Alpuy (1919-2009) - Personajes constructivos, 1955 - Mosaico - 42 x 52 cm - Homenaje a Julio Alpuy (1919-2009)
Julio Alpuy (1919-2009)
Personajes constructivos, 1955
Mosaico
42 x 52 cm

Homenaje a Julio Alpuy (1919-2009)

Desde el jueves 5 de diciembre de 2019 al domingo 8 de marzo de 2020
Sala 5

La exposición plantea un recorrido por los 70 años de una vida dedicada al arte, a través de diferentes medios y expresiones: pintura, dibujo, grabado, murales, cerámica, relieves y esculturas. Se presenta cronológicamente desde sus primeros trabajos vinculados al magisterio de Joaquín Torres-García a partir de 1940. Poco tiempo después, entre 1943-1946, desarrolla una serie de obras muy personales referidas a la ciudad y su arquitectura.

En 1944 integra el equipo de jóvenes artistas que pintaron los murales en el hospital Saint Bois. Luego, entre 1945 y 1952, son años de intensa pertenencia al Taller Torres-García; se suceden viajes a Argentina, Bolivia y Perú, el descubrimiento de las raíces americanas; asume la enseñanza del dibujo y la pintura en el TTG, fallece Joaquín Torres-García el 8 de agosto de 1949; estadía en Buenos Aires en 1951, cuaderno de dibujos; viaje a Europa y Medio Oriente, contacto con las grandes civilizaciones de la Antigüedad y visita a los más importantes museos y colecciones de Europa; regresó a Montevideo en 1953. Trabajo intenso en el muralismo, desarrollado a partir de su particular visión de los Oficios, en diferentes propuestas y materiales. De esta etapa es el Mural Oficios ubicado en el Liceo Larrañaga, que ha sido felizmente restaurado. Continua la docencia en el TTG. Luego en 1957, Alpuy se aleja del Uruguay, estadías en Chile, Colombia y Venezuela, viaje a Alemania y Francia, entre 1957 y 1961 para finalmente radicarse en Nueva York, en diciembre de 1961.

Entre 1962 y 1970 trabajó casi exclusivamente en relieves de madera, dando lugar a obras de gran originalidad y calidad, que paulatinamente abordan la tercera dimensión. Alpuy se reconoce en esta etapa como escultor. Sus trabajos en la serie de maderas incisas y coloreadas constituyen una aportación original de gran calidad plástica y fuerza expresiva, significando un hito destacado en la evolución de su arte. Son obras muy personales, de gran originalidad y sugestión, que no tienen vinculación alguna con ninguna otra corriente, tendencia o personalidad artística. Especialmente aquellas creadas entre los años 1962 y 1964, poseen una poderosa carga expresiva y tienen que ver con mundos primigenios, que aluden al origen, transcurso y fin de la vida.

Paralelamente hacia 1970 emprende el dibujo y el grabado en contacto con Luis Solari,(1918-1993) quien residía en New York. Su obra posterior se centra en la escultura aunque por períodos retoma la pintura y el dibujo.

La muestra propone una lectura cronológica de la obra pero también pone foco en la diversidad de técnicas y materiales empleados a lo largo de una vida de trabajo.

Rafael Lorente Mourelle

Julio Alpuy

Julio Uruguay Alpuy nace en 1919 en Poblado Cerro Chato, situado en Tacuarembó, Uruguay. A los 16 años de edad se radica en Montevideo, donde continúa sus estudios. En 1940 conoce a Joaquín Torres García. Al poco tiempo de integrarse a su Taller se dedica a la docencia, actividad que desde entonces nunca abandonará. Incursiona en las más diversas técnicas: dibujo, acuarela, témpera, grabado, pintura de caballete y mural, mosaico, vitral, cerámica y construcción en madera. Luego de la muerte de Torres en 1949, recorre varios países de Europa, Cercano y Medio Oriente y África. Después viaja a Chile, Colombia (donde vive casi dos años) y Venezuela, hasta que en diciembre de 1961 se instala definitivamente en Estados Unidos de América. Desde su primera muestra colectiva, la "Undécima Exposición del TTG", en el Ateneo de Montevideo en mayo de 1943, sus trabajos se han exhibido infinidad de veces en galerías e instituciones de América y Europa. Se destaca, entre otras, la muestra itinerante inaugurada en el Museo Nacional --Centro de Arte-- Reina Sofía de Madrid en el año 1991, "La Escuela del Sur, el Taller Torres García y su Legado". La presencia de su obra en importantes colecciones y museos, y diversas becas otorgadas por destacadas instituciones, avalan el reconocimiento a su extensa trayectoria. Fallece en el año 2009, en la ciudad de Nueva York. Alpuy continúa siendo ejemplo de constancia y disciplina.




Autorretrato - Óleo sobre tela - 91 x 87 cm - Petrona Viera - El hacer insondable
Autorretrato
Óleo sobre tela
91 x 87 cm

Petrona Viera
El hacer insondable

Desde el jueves 20 de febrero al domingo 24 de mayo de 2020
Salas 1, 3 y 4

Petrona Viera supone una compleja deriva en tanto sujeto de investigación y confrontación estética. Conformando el más extenso núcleo de obra conservado en la colección del MNAV (1001 obras), durante casi 50 años desde la donación familiar al Museo, su obra estuvo siempre exhibida en el conjunto de artistas uruguayos. En los últimos años el interés por su obra ha venido incrementándose como lo atestigua la exhibición de sus xilografías. Sin embargo, esta es la primera exhibición monográfica, motivo de interés y análisis expositivo y conceptual. La dificultad de su abordaje pendula entre ciertas construcciones que tanto la definen como "la primera pintora profesional de nuestro país", como la dejan al margen del análisis profundo dentro de la Historia del arte nacional. Interesante pero secundaria, conocida pero ignorada en fermentales etapas, la obra de Petrona parecería destinada a ser definida en función de otros (hija del presidente, la discípula de Laborde y Rodríguez) y a un rol hasta cierto punto anecdótico en una constelación de planistas. La "pintora de niños", casi niña ella en la hiperintegrada mirada de sus contemporáneos, la "simpática mujercita" sumariamente reseñada en las páginas de Mundo Uruguayo, merece una revisión de esos reduccionistas absolutos a los que se la asocia, en una muestra que propone un acercamiento al variado corpus creativo, de un mundo devorado y reinterpretado por la mirada personal y penetrante de esta artista fundamental, destinada a dejarnos más interrogantes que respuestas.

María Eugenia Grau / Verónica Panella, curadoras.

Petrona Viera
Nace en Montevideo, el 24 de marzo de 1895. Su padre, el doctor Feliciano Viera, fue una de las figuras más gravitantes en la esfera partidaria y gubernamental, contribuyendo al impulso modernizador que atraviesa el país en las primeras décadas del siglo. Hija mayor de once hermanos, Petrona padecerá a los dos años de una enfermedad que la dejará sorda cuando estaba empezando a hablar; punto de arranque de una vida poco común, donde la comunicación artista- mundo se producirá principalmente a través del microcosmos familiar, como lo atestiguan los motivos de sus obras.

Comenzará su formación artística con el pintor Vicente Puig, quien al poco tiempo se radicará en Buenos Aires. Iniciará entonces un largo proceso de formación y consolidación pictórica con Guillermo Laborde, contacto que abarcará casi veinte años de una trayectoria artística de cuarenta. A diferencia de muchos plásticos de su época, no asistirá a clases en el Círculo Fomento de Bellas Artes, ni tendrá el estímulo de cursos en el exterior. Con Laborde, Viera entra en la corriente planista, experiencia estética introducida por Cuneo, pero que casi todos los jóvenes pintores en la década del veinte al treinta atraviesan, aunque en el caso de Petrona se extenderá aproximadamente diez años más. La crítica colocará las obras de este período entre los puntos más altos de su producción, que se caracteriza por grandes pinceladas de color sin modular, luminosidad y cromatismo. Sus motivos son variados y seriados: retratos familiares, juegos infantiles, paisajes y una serie de desnudos, óleos en su mayoría.

Su período planista se perpetúa aproximadamente hasta 1943, donde Viera incursiona por diversas técnicas: óleo, acuarela, grabados sobre madera y metal con el apoyo del profesor y pintor Guillermo Rodríguez. Esta etapa se prolongará hasta su muerte, en 1960.


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