Museo Nacional de Artes Visuales
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Fernando López Lage


Fernando López Lage

Desde el jueves 11 de setiembre al miércoles 5 de noviembre de 2014
Sala 5

"La idea central de la muestra es lograr cierta inadecuación a partir de los objetos exhibidos y la circulación del espectador. Una experiencia que se presenta a través de dispositivos que desarticulan y generan trayectos.

Hay signos que se proporcionan y el espectador es un elemento más que activa el resto de las relaciones. Un límite impreciso entre la inadecuación y lo reconocible."

Fernando López Lage

"Al recorrer la sala nos encontramos con esculturas y con soportes de cajas archivadoras. Realizadas con materiales nuevos, muy simples, con cartón, ladrillos, fieltro, plástico, las esculturas mantienen el color propio de cada material. A López Lage le importa el volumen y la relación con el espectador. Las esculturas hablan del volumen y al vincularse al visitante generan un trayecto. No apelan a lo bello, se alejan del sistema belleza que ya no es un canon del arte desde hace muchas décadas, y sus materiales son cotidianos, dejando de lado el concepto de materiales nobles para las artes.

Al rodear los materiales con marcos impolutos de madera, López Lage genera contrastes entre lo rústico, orgánico, desniveles, surcos, superficies desiguales y la perfección pulida de los marcos. En algunas esculturas juega con salientes y entrantes, ellos dialogan con la geometría dinámica y orgánica de su pintura. Irregularidad y asimetría propias de su pintura también se observa en la disposición de las esculturas sobre el piso. Algunas están acostadas; otras, paradas, pero situadas en diferentes direcciones. En otro conjunto todas están acostadas en el suelo pero no forman una unidad simétrica, sino discontinua. Nada es uniforme.

Ecos de arte conceptual y de arte minimalista se puede escuchar en estas piezas que, empero, no pierden su carácter objetual y orgánico.

Los archivadores contienen cajas. No sabemos lo que ellas tienen dentro, si están llenas o vacías, pues no tienen carteles identificadores. Evocan listados, enumeraciones, documentos, clasificaciones archivísticas, sistemas de registro de un contexto social y político determinado, crónica, testimonios. Tienen que ver con la circulación de conocimiento y la memoria. No han sido pintadas ni tratadas por el artista. Están allí tal cual existen en la realidad.

A pesar de la sobriedad general, esas cajas tienen vinculación con la pintura del mural. Dialogan con el políptico los colores azules, verdes, amarillos muy vibrantes que palpitan en la sala como puntos singulares en medio del despojamiento.

Políptico. La pintura mural irrumpe en el fondo de la sala. Es un enorme políptico y oficia de pared. Está concebido para ese espacio; si fuera posible, sería site specific y efímero como los murales de Sol LeWitt, por ejemplo (aquí no lo es). López Lage invita a recorrer el cuerpo de la pintura, deconstruido en un espacio arquitectónico.

El políptico revela el tipo de discurso pictórico que singulariza a López Lage desde 2000-2001 y es una variación más de su riqueza expresiva. López Lage genera una serie de telas abstractas que glosan libremente movimientos exitosos de la historia de la pintura moderna, rinden un homenaje a las cualidades del oficio y demuestran, a la vez, la originalidad y la solidez expresiva de ese creador.

La abstracción geométrica es su lenguaje desde ese período y fue adoptada luego de varias etapas figurativas y a ella se ha abocado desde entonces. Diversas obras giran alrededor de lo que llama barras paralelas o cuadrados; en ambas series el principio creativo es el mismo.

Aquí opta por el cuadrado. Su mural es de una geometría orgánica, revela imperfecciones buscadas por el artista, quien rescata errores y deja en evidencia las capas de pintura. Además de enfatizar los potenciales del color, López Lage resalta la irregularidad, subraya los juegos formales muy ricos y diversos en cada uno de los espacios, privilegia los ritmos sincopados y destaca una geometría en la que siempre juega el gesto de la mano y el pincel: se nota la huella del artista, la materia que se hace presente, la textura, que es lo que hace tan densa su obra y la aleja de toda frialdad. Nunca hay rigidez sino una línea que revela la mano del autor; tampoco existen superficies lisas pues hay sutiles efectos de materia, de tal manera que lo geométrico dialoga con lo orgánico. Este tipo de arte alienta, anima y aviva.

El color es lo que da entidad a su pintura, desempeña el papel del dibujo, de la perspectiva, de la sombra, del volumen y siempre está preparado para imponerse al material. Bidimensional, su políptico, empero, está creado con capas; son palimpsestos y detrás de cada color hay muchas capas, mucho tiempo de creación que revela un gran proceso. El tiempo es uno de los temas de su quehacer. La materia también lo es.

En el políptico hay estallidos de formas geométricas en jugoso cromatismo. Líneas y planos juegan con dinamismo en los soportes, dejando que el color sea el protagonista. El placer de pintar en gran formato y cromatismo intenso es fundamental para López Lage. Adentro de cada espacio del mural, hay numerosas variantes y lo monótono es descartado de tal manera que el espectador puede apreciar variados encuentros de colores, formas y líneas que enriquecen su mirada y lo obligan a observar con más detenimiento. El ojo se sorprende y deleita ante el esplendor de naranjas, amarillos, verdes, rojos, y variados matices en esa explosión de creatividad que gira alrededor del color y la geometría dinámica. El mural estimula la sensibilidad óptica, provoca la retina e inyecta dinamismo al ambiente."

Alicia Haber, curadora


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