Museo Nacional de Artes Visuales
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Roberto González del Blanco

2 de diciembre de 1887 - 16 de mayo de 1959


Un jueves en Compostela Autorretrato
Un jueves en Compostela Autorretrato

Desde que tenía dos años de edad vivió en la ciudad donde le llegó la muerte. Cuando contaba 21, fue becado por las Diputaciones de su provincia natal y de A Coruña para realizar estudios en el extranjero, pero no los llevó a cabo. Inició inmediatamente la carrera de Medicina en Compostela y la continuó en Madrid, a partir de 1911, compaginándola con los estudios de Bellas Artes, que eran su verdadera vocación. Al fin se licenció en Medicina en Compostela, a donde retornó en 1916, después de visitar Italia, Grecia y Turquía en el deseo de ampliar su formación histórico-artística. Acudió a grandes exposiciones colectivas. En la Nacional de Bellas Artes de 1915 alcanzó tercera medalla, galardón que ya había obtenido en la Hispano Francesa de Zaragoza, en 1908, y en la Nacional de Artes Decorativas, en 1911. En 1927 obtuvo cátedra en Cádiz, la denominada de Anatomía Pictórica. Fue nombrado miembro numerario de la Real Academia de Bellas Artes. Nuevos viajes por Inglaterra y Francia. Durante la II República, en 1934, fue designado director de la Escuela de Artes y Oficios de Santiago, donde ejerció un excelente magisterio, y en 1935 obtuvo el título de profesor de dibujo de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. Realizó algunas exposiciones personales, amplias y distanciadas. Buena parte de su obra la conservan sus descendientes, en Santiago, donde llegó a ser persona de considerable influencia en la vida intelectual y artística. González del Blanco siguió una tradición muy generalizada en su tiempo, que va desde Eugenio Hermoso a Manuel Benedito, acercándose a un realismo estricto con temas folklóricos. Sus escenas de la vida del campo, de ferias, son en realidad conjunto de retratos, género que también cultivó, y con gran seguridad, puesto que dominaba por completo el dibujo académico y poseía excelente oficio de pintor, aunque escasamente se permitió usar de la imaginación ni de libertad alguna. Por el contrario, la fidelidad documental era su meta, si bien nunca es adocenado, porque en la sencillez de sus temas latía una elegancia natural y una evidente emotividad e incluso ternura. Un buen ejemplo de su obra, que ha quedado en museos de Galicia, es el cuadro de escena, un mercado popular, que conserva el Museo de Vigo, donde el cromatismo es alegre y ponderado a un tiempo y el dibujo de una exigencia total.


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