Museo Nacional de Artes Visuales
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José Morea

Desde el martes 21 de mayo al domingo 23 de junio de 2002

Reveladora Muestra de José Morea

La muestra del artista español José Morea (Pinturas 1980-1999), se inauguró el 21 de mayo del 2002, con los auspicios de la Embajada de España en el Uruguay, del Consorcio de Museos de la Comunidad Valenciana, de la Generalitat Valenciana y de la Agencia Española de Cooperación Internacional.

José Morea, quien parece empeñado en introducir la vida en general y la suya en particular en sus pinturas, inició su trayectoria a mediados de la década de los setenta, aunque su verdadera irrupción en el universo pictórico data más bien de los comienzos de los años ochenta. Una vez en él, nunca ha dejado de mezclarlo con el de su vida afectiva y con lo que su existencia toda le proporciona. Una de las claves de su poética, estaría, de acuerdo a lo que se ha sostenido en España, en el aprovechamiento de las distintas circunstancias por las que atraviesa su vida. Y en pintarlas de una u otra manera, en uno u otro soporte. Su pintura, en definitiva, no sería el producto de una "idea" que cristalizaría independientemente de los avatares personales del autor. En todo caso, sus ideas, múltiples y heterogéneas, se encuentran en estrecha relación con la experiencia. Y su pintura se nota especialmente ligada a la multiplicidad de esa misma experiencia.

Sus primeros trabajos fueron trepidantes, gráficos y narrativos. Incluso, con algunos ecos surrealistas, como el de la bañista cosiendo a máquina en la playa. Posteriormente, sus personajes aparecieron perfilados como Egipcios (nombre de una serie), lo que le dio entrada en su obra a las figuras mitológicas en general. Su personal "descubrimiento" de Italia a partir de 1984, hizo que los viajes a ese país fueran una constante en sus pinturas. Y que se incrementara la apariencia escultórica de los cuerpos, así como el repertorio de figuras mitológicas, reales o apócrifas. Los períodos de regreso a España, por su parte, lo condujeron a la tradición de la pintura, concretamente al género del bodegón, al que le dedicaría una larga serie.

Su itinerario creativo seguiría transformándose. Entre 1988 y 1991 se revelará de una manera muy particular: trabajar con música, sobre todo con música tecno, al estilo acid house. Y, a mediados de los noventa, la imaginación de Morea se desplazó hacia el mundo oriental, con su larga serie de retratos japoneses.

Cabe agregar que el género más recurrente en su trayectoria es, sin duda, el retrato. Y que no solamente fecha cada una de sus obras, sino que, además, las localiza con toda precisión.


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